No todos los hombres, pero sí a TODAS las mujeres.

Hoy voy a escribir de un tema que me solicitaron y que había venido retrasando, al principio porque me gusta investigar mucho antes de hablarles de un tema y luego porque una vez empecé a hacerlo, conforme fui ahondando en las profundidades de este, me di cuenta que como muchas cosas en la vida, había un trasfondo mucho más importante que el significado que actualmente se le está otorgando y cuya relevancia no quiero pasar por alto.

De un tiempo para acá he notado una tendencia general de atribuirle nombres a las cosas, situaciones y/o comportamientos que presentan un patrón común. Me pregunto si esto se deriva de la ciencia de la psicología, como surge por ejemplo el término “narcisismo”, la tendencia actual es introducir estos términos como anglicismos (de los que no soy muy fanática), por lo que, al no haber aún una connotación aceptada en el español, me voy a referir a este tema en su término original: el “mansplaining”.

El mansplaining es una combinación de dos palabras: “man” (hombre) y “explaining” (explicando o explicar). Recientemente se tradujo al español como “macho explicar”, pero en mi opinión esta no es una traducción muy fiel. Si buscan su significado en Google van a encontrar que el mansplaining se refiere a una actitud particular en la que un hombre interrumpe a una mujer para “explicarle” algo de forma condescendiente o “explicarlo mejor” que ella, a través de la asunción semi inconsciente de que él sabe más. Es decir, toma una actitud paternalista o de traductor, a veces incluso repitiendo con otras palabras lo que una mujer acaba de decir para, según él, validarlo. Si usted es mujer y ha estado en una reunión solo con hombres sabe exactamente de lo que estoy hablando. Si usted es hombre, puede tomar una de dos posturas: reflexionar, observar y reconocer que esto sucede o decirme que las mujeres tenemos mucha imaginación. Si se decide por la segunda, déjeme explicarle que esa postura que acaba de tomar también es una especie de mansplaining, pero aún no llegamos a esa parte.

El término mansplaining se origina de una serie de ensayos recopilados en un libro denominado Los hombres me explican cosas, escritos por Rebeca Solnit. En realidad, Solnit nunca acuña el término mansplaining en el libro e incluso en una edición posterior menciona no estar del todo de acuerdo con él. Solnit no expresa específicamente los motivos que la llevan a desaprobar el término, pero les voy a contar por qué yo concuerdo con esa inconformidad. No se trata de que la actitud descrita sea incorrecta, es solo que el libro habla de mucho más que eso y las denuncias que se hacen en el libro tienen una trascendencia y relevancia mucho más grande que el significado en el que ha derivado, por lo que este vendría a minimizar de alguna manera todo lo que ella aborda en su ensayo.

El libro inicia narrando un incidente que vivió la autora en una fiesta, donde el anfitrión se acerca en la actitud condescendiente a que nos venimos refiriendo para hablarle sobre un libro que ha leído (del que también es autora Solnit), haciendo caso omiso de que es su interlocutora quien lo ha escrito, a pesar de que ella misma se lo dice al inicio de la conversación. Al final, luego de emitir las opiniones de la autora como propias, resulta que ni siquiera había leído el libro, solamente una reseña del New York Times sobre el mismo.

Lo que les he comentado hasta aquí es solo el inicio, una introducción, el vistazo de la punta del iceberg, conforme va avanzando la lectura, Solnit se extiende a abordar temas desde las restricciones que el mansplaining acarrea en el acceso a la justicia para las mujeres, delitos de violencia sexual, acoso laboral y la condena social que implica denunciar todas estas situaciones. Es entonces cuando el mansplaining deja de ser un acto inofensivo, una actitud simplemente molesta y se vuelve peligroso, un acto de prepotencia que puede tener consecuencias para las mujeres dejándolas en un estado de indefensión o invalidación al grado de silenciar actos delictivos y perpetuar la impunidad.

Si bien Rebeca Solnit reconoce que no todos los hombres hacen mansplaining, es algo que todas las mujeres, sin excepción, hemos vivido (y de ahí se deriva el título de este día). Aunque no todos los hombres tomen esta actitud, es importante reconocer y erradicar de forma sistemática el seguirla replicando en la otra gran porción de ellos que sí lo hace. «Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres», expresa.

A propósito de lo que manifiesta sobre alejar a las mujeres de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo, voy a hacer una pausa aquí para introducir otro tema que considero importante. Existe un estudio realizado por Ladbrokes, una empresa británica dedicada a los juegos de azar y a las apuestas deportivas, en él se determinó que cuando un hombre escucha la voz de una mujer, se activa en parte el área del cerebro que procesa la música, en contraste de lo que hace al escuchar a otro hombre, en el cual se activa sólo el centro de procesamiento verbal. Esto en términos simples significa que los hombres escuchan de forma selectiva a su interlocutor, prestando menos atención y por menor tiempo a las mujeres.

Si les interesa seguir en el pasado, podrían decirme que en ese caso los hombres no tienen la culpa, su naturaleza es así. No obstante, está comprobado que el ser humano se va adaptando y mejorando su realidad a través de la evolución. Uno de los cambios evolutivos que caracterizaron a los humanos al distinguirse de los simios fue la pérdida de vello corporal. Hay muchas teorías sobre las razones por los que esto sucedió, pero según Mark Pagel, de la Universidad de Reading (en Reino Unido), y Walter Bodmer, del Hospital John Radcliffe de Oxford, los humanos perdieron el vello corporal para liberarse de parásitos externos que infestaban el pelaje y de las enfermedades que provocaban.

Quién sabe las razones por las que el hombre prescindió de escuchar a la mujer, quizá fuera porque en el pasado los espacios a los que accedían las mujeres eran mínimos, pero si pudimos perder el vello, también es momento de ir cambiando la forma en que pensamos. El cerebro es un órgano tan impresionante que constantemente está aprendiendo y absorbiendo nuevos conocimientos, solamente se trata de tomar conciencia de la forma en que hemos estado pensando y reformatear nuestro sistema para configurarlo a modo que se adapte a la realidad de que las mujeres no nos vamos a ir a ninguna parte. Es momento que se reconozca el espacio que las mujeres llevamos, ya bastante tiempo y con todo derecho, exigiendo. Es tiempo de evolucionar y esta vez el machismo es la enfermedad de la que nos debemos liberar.

Volviendo a Solnit y sus ensayos, esta actitud de “ningunear” a la mujer, la actitud paternalista de saber más y sentirse con el derecho a interrumpir o silenciar se vuelve más grave cuándo esa autoproclamación (delirante) de derechos se traduce en violencia, violación o asesinato, actitudes de control, prescindir del consentimiento de una mujer en el sexo porque quiero y puedo. Para los que siempre argumentan “pero la mujer también”, Solnit reconoce que la violencia no es exclusiva del hombre, la mujer puede ser violenta, violadora y asesina, pero es estadísticamente comprobado que los hombres lo son más. Las redes sociales son un medio donde se agudiza y evidencia esta situación, en alguna medida se puede llegar a convertir en una forma de anonimato, si no me creen, miren los comentarios de acoso que les ponen a las salvadoreñas que están en los medios (“pero es por cómo se visten”, no se preocupen que ya vamos a llegar a eso).

Otro de los peligros del mansplaining es cuando, con el fin de exonerar de culpabilidades, se busca anular la credibilidad de las mujeres. En uno de los ensayos del libro, se hace un símil con la historia de Casandra, una sacerdotisa de la mitología griega que tenía el don de la profecía y de la que estaba enamorado el dios Apolo, cuándo Casandra lo rechaza, Apolo la maldice escupiéndole en la boca: aunque Casandra dijera la verdad, nadie creería ya sus profecías.

«Aún a día de hoy, cuando una mujer dice algo incómodo acerca del comportamiento impropio de algún hombre, habitualmente se la retrata como si estuviese loca, como si delirase, estuviese conspirando maliciosamente, fuese una mentirosa patológica, una llorona que no se da cuenta de que son solo bromas o todo esto a la vez», expresa Solnit. Ya habrán escuchado las frases: Si solo fue un piropo… ahora como no se les puede decir ya nada… ella también quería…, o lo que es peor, para que no queden dudas de lo peligroso que puede llegar a ser el mansplaining, el difunto Kobe Bryant después de ser acusado de violación y que le solicitaran una disculpa pública para retirar la denuncia, dijo textualmente lo siguiente: «Aunque creo que nuestro encuentro sexual fue consentido, entiendo hoy –luego de escucharla a ella y a los abogados- que para ella no fue así, que no tomó el incidente como yo». Para Ella no fue así, no tomó el “incidente” como yo… Wow. Por cierto, ya nadie lo recuerda por esto, excepto la chica.

Ya que Solnit habló de la mitología griega en su libro, voy a traer al contexto a Medusa, una mujer monstruosa con una mirada capaz de convertir a cualquier hombre en piedra. Antes de convertirse en esta monstruosidad, Medusa era sacerdotisa del templo de la diosa Atenea y era una mujer hermosa, pero cuando la violó el dios Poseidón, Atenea en lugar de castigarlo a él, en un arranque de celos transforma el cabello de Medusa en serpientes, de ahí nace el mito de su monstruosidad. Medusa es la víctima y quién recibe el castigo, cualquier parecido con la realidad… Les había dicho que iba a retomar el tema de “pero es por cómo se visten”, ¿qué necesitamos para que la sociedad deje de buscar culpas en la víctima? Me parece también muy curioso que la que la castigue también sea mujer, se van dando cuenta cuánto nos falta por aprender, en lugar de apoyarnos nos andamos metiendo zancadilla.

La historia de Medusa no acaba allí, ya que después de ser convertida en monstruo se oculta, pero es además perseguida y finalmente decapitada por Perseo, quien muestra su cabeza como trofeo, por esta razón a Perseo encima de todo se le idolatra, tendencia que no se ha perdido, pues en la sociedad actual, el hombre se ve alentado a alardear de su mal entendida hombría. Como dato curioso, frente a los tribunales de Nueva York hay una estatua del artista argentino Luciano Garbati, que le da la vuelta a la historia: Medusa en actitud de lucha sostiene la cabeza de Perseo, como representación de lo que significa sobrevivir a una agresión sexual, ¿no les encanta todo lo que puede comunicar el arte?

En uno de los ensayos de Solnit, aborda la historia de unas mujeres que fueron violadas en el campus de una universidad, las autoridades lo que les recomendaron fue no exponerse, que no saliesen solas en la noche o si podían evitar salir, mejor. «En el caso de las mujeres, el confinamiento siempre está al acecho, listo para cubrirte con su manto. Algunos bromistas colocaron carteles proponiendo otro remedio: que todos los hombres fuesen excluidos del campus a la caída de la noche. Era una solución tan lógica como la anterior, pero el que les pidiese que desaparecieran del espacio público impactó a los hombres; perder su libertad de movimiento y de participación, todo por culpa de un solo hombre». Casi pareciera que el derecho a la libertad de un hombre es más importante que el de una mujer. Concluye con el planteamiento de que anular a una mujer debería también ser un crimen: «¿cómo llamamos, cómo nombramos los miles de desapariciones de mujeres de la esfera pública, de la genealogía, de su presencia legal, la desaparición de las voces, de las vidas?».

Solnit termina su libro con una reflexión sumamente impactante, se las dejo literal a continuación: «el feminismo es un esfuerzo para cambiar algo muy antiguo, muy extendido, y profundamente enraizado en muchas -pueden que en la mayor parte- de las culturas de nuestro mundo, en innumerables instituciones y en la mayor parte de los hogares de la tierra, y en nuestras mentes, que es donde todo empieza y todo acaba. Que se hayan transformado tantas cosas en las últimas cuatro o cinco décadas es algo increíble; que todo no se haya cambiado permanentemente, definitivamente, irrevocablemente, no es una señal de fracaso».

Como ya les venía diciendo, es urgente recablear todo nuestro pensamiento. Es cierto, no todos los hombres son violadores o asesinos, no todos hacen uso del mansplaining para minimizar a las mujeres, no todos los hombres son acosadores, esto nunca ha sido lo que predica el feminismo, lo que sí es muy cierto es que a todas las mujeres alguna vez en su vida las han acosado, les han gritado cosas por la calle, las han invalidado en una reunión, las han dejado de escuchar. Lo que el feminismo predica es erradicar el machismo en el hombre, no al hombre en sí mismo. Si forman parte de la porción que nunca ha acosado, nunca ha invalidado, quizá sea momento de observar y llamar la atención a quiénes sí lo hacen. No podemos seguir siendo testigos silenciosos, es momento de ser agente de cambio, es momento de prestar atención a las cosas que, hombres y mujeres, decimos de las víctimas. ¿Estamos abriendo espacios para que éstas se expresen o, por el contrario, las condenamos y las silenciamos? ¿Será que simplemente no hacemos nada? La actitud pasiva no le está ayudando a nadie y como mujeres, debemos perder el miedo a herir sensibilidades, a que nos tomen por locas, las actitudes perniciosas se cortan de raíz, por eso también las invito y me invito a exponer al machista en el acto y detener la perpetuación de la impunidad, como bien dice la canción: “Si tocan a una, respondemos todas”. Ya es tiempo de dar el siguiente paso a la evolución, una donde el machismo no sea el plato de cada día.

Publicado por Katy Álvarez

Soy Escritora de El Salvador. Escribir alimenta mi corazón, la abogacía mi estómago. Viajo para llenarme de inspiración (y diversión)... Creo firmemente que no hay creación más maravillosa que los libros y que éstos tienen la capacidad de cambiar el mundo constantemente. Amo los perros (especialmente el mío: Chewie) y el mar es lugar en el que busco paz.

3 comentarios sobre “No todos los hombres, pero sí a TODAS las mujeres.

  1. Interesante Katy, la violencia machista tiene muchas caras, algunas ya nos son tan conocidas que hemos aprendido a defendernos de ellas. Pero también tiene otras caras menos conocidas y de tan sutiles que se presentan se han naturalizado y no se les clasifica como tal cuando no solamente lo son, sino que además son tan graves como pegar a alguien porque destruyen por dentro.

    Y esa violencia se da en todos los ámbitos, en los trabajos, en las familias, en las parejas y la indefensión aprendida es su alimento cada día. No se ve, no se reconoce como tal pero existe. Cuando la discriminación, las comparaciones, los estigmas, la desidia en las relaciones, las mentiras, las disculpas sin cambios en las conductas, o inclusos el silencio en lugar de las palabras nos hacen sentir tontas, incapaces, lastimadas, eso es violencia en franco atentado a nuestra autoestima.

    La indiferencia también daña. Hay quien se piensa que por no responder o no gritar no es violento, cuando sus actitudes pasivo agresivas hieren a menudo más que las palabras. Al final todo llega al punto en que reconocemos que nos hace falta mucho camino por andar, pero quiero traer a colación algo que leí y que me hace eco en el corazón: No somos responsables de lo que nos llega, pero sí de lo que elegimos que permanezca. Mi corazón feminista te abraza.

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