Conversaciones sobre sexualidad ¿incomodidad innecesaria o necesariamente incómodas?

Hay una historia que siempre me cuentan de cuando era chiquitita, dice mi mamá que un día le pregunté qué era una prostituta, quién sabe dónde había escuchado el término. Mi mamá probablemente con mucha incomodidad se revolvió en su asiento y empezó a pensar cómo responderme sin ser totalmente directa, la imagino viendo hacia arriba y pensando cómo contestar esa pregunta en el lenguaje de un niño. Quién sabe que me habrá dicho, pero dicen que yo sí respondí de forma totalmente directa como solo los niños son capaces: «Aaaah vos decís que hace el amor», mi mami trato de corregirme y con el tiempo yo aprendí que el tema era un poco más complejo. Les cuento esta historia porque los niños se dan cuenta de todo; las niñas también, aunque nos retengan la información la mayor parte del tiempo. Y las niñas, tarde o temprano, se convierten en adolescentes.

Para mi mamá hubiera sido inverosímil hacerle esas preguntas a mi abuela, para mí fue un poco más accesible, un poco digo porque tampoco fue taaan accesible. Mi mamá respondía mis preguntas, eso era todo. Yo siempre he sido una persona curiosa, aprendo a través de mi curiosidad. No recuerdo realmente que alguna vez mis papás se sentaran a hablar conmigo de sexo o de métodos anticonceptivos, mi papá menos, pero sí recuerdo, en raras ocasiones haber conversado superficialmente con mi mamá del tema, mientras mi hermana me hacía caras para que dejara de hacer preguntas. Mi mamá siempre trato de responder de forma natural sin hacerme sentir demasiado incómoda, ya con la primera había aprendido que conmigo no se podía ir por las ramas. A mi mamá nadie le enseñó a hablar de sexo, pero yo si aprendí de ella que podía hacer preguntas y solo eso fue una gran ayuda. Como ya lo decía, no hubo una conversación como tal sobre el tema conmigo, lo que sí estoy segura es que, en su debido momento, la conversación si se tuvo con mi hermano.

No estoy proponiendo que se les hable a los niños de temas que no sean aptos para su edad, pero es importante reflexionar … ¿Estamos teniendo conversaciones incómodas en nuestras casas? ¿Les enseñan a sus hijas, las mismas cosas que le enseñan a sus hijos? ¿O es el hogar, el primer lugar que le hace saber a una mujer que, hay ciertas cosas en el mundo que le están restringidas?

Hoy no voy a abordar los derechos reproductivos ni la despenalización del aborto, son temas controversiales, complejos y de los que me falta investigar para construir una opinión informada. Pero si creo que es importante hablar de la deficiente educación sexual que recibe la mujer y las consecuencias que esto puede tener: desde creer que tu esposo te viole es su derecho hasta los embarazos no deseados y enfermedades venéreas.

Criticar las decisiones que las mujeres toman después de tener sexo me parece muy simple cuándo no se le han dado desde temprana edad las herramientas idóneas para enfrentarse a todos los cambios que implica la adolescencia, llámese estos hormonales y/o sentimentales, en especial cuando estos factores son quienes están a cargo de la toma de decisiones que corresponde a la razón y la madurez que, dicho sea de paso, aún no se ha alcanzado en la adolescencia. Como todos los temas sobre sexo son tabú, la información se obtiene de fuentes insuficientes e inadecuadas, tradúzcase: las amigas, que están igual de desinformadas; el propio novio, que además de desinformado presenta un conflicto de intereses; o, lo que es peor el internet dónde cualquier información se puede reproducir como cierta, aunque no lo sea.

Los tiempos cambian, pero hubo una época en que los padres lo que enseñaban a sus hijas era simplemente que no se debía tener sexo, esperando con los ojos cerrados y de forma casi utópica a que estas fueran obedientes, solucionando el tema con la amenaza de sacarlas de casa si elegían un camino diferente, por supuesto que hay excepciones, pero aquí estamos hablando de la regla.

Con relación a los hijos el tema se abordaba diferente, no se le aconsejaba no tener sexo, se le preparaba para ello. Se toma por cierta de forma inconsciente la presunción errónea de que para el hombre sí que es inevitable. En tal sentido, se parte de la premisa de que la mujer es objeto de deseo, pero no sujeto que desea y de ahí se derivan una serie de consecuencias: las mujeres y su placer dejan de importar, porque, aunque el cuerpo femenino evoque sexualidad, esta se vincula al placer de otros, al servicio de ellos. La mirada androcéntrica de la sexualidad se agrava si consideramos que estas conversaciones usualmente se delegan en el padre, obviando el hecho de que la madre es mujer y que, por tanto, puede aportar un punto de vista femenino a su hijo, un punto de vista que el padre, aunque quiera, nunca podrá aportar.

¿Pero cuál es la inferencia más grave de restringir a la mujer de la conversación? Que, si la mujer es objeto y no sujeto en la relación sexual, esta relación no es bilateral, si no y en oposición a esta, unilateral. En el derecho la bilateralidad implica que hay obligaciones y derechos para ambas partes de la relación, pero si esto no es así en la sexualidad, los derechos corresponden a solo uno de los intervinientes, es decir, al hombre; y, a la otra parte corresponden las obligaciones. Volvemos al tema que mencionaba la semana pasada: el hombre que sea machista puede llegar a otorgarse derechos sobre la mujer, al punto de prescindir del consentimiento de una mujer y la mujer que también ha sido educada bajo la perspectiva machista puede llegar a tomar esa presunción por cierta.

Pero cuando analizamos a profundidad, el verdadero sentido de tener una conversación con los hijos no es abordar el tema del sexo, la verdadera intención es discutir métodos anticonceptivos. Aquí también hay un agravante, esta vez también en detrimento de los hombres. No hablarle a una mujer de métodos de protección y anticonceptivos, le puede dar la falsa idea de que ella no es responsable de esto, al menos, hasta que la vida le pruebe lo contrario. Como ya venía diciendo, es fácil juzgar a una mujer por un embarazo no deseado, por contraer una enfermedad, “qué tonta, no se estaba cuidando” … pero, ¿qué le estamos enseñando realmente? No le enseñamos que ella también debe hacerse cargo de su protección, el que debe comprar los preservativos es el hombre. ¿O está bien visto que una mujer lo haga? La criticamos si se hace responsable y si no se hace responsable, la criticamos cuando afronta sus consecuencias, y según las estadísticas en la mayoría de los casos enfrenta sola esas consecuencias.

“Es que como es posible que en la era de la información alguien tenga un embarazo no planificado”. Hablar de esta manera solo denota que somos personas con privilegios, porque aun si tenemos acceso a información deficiente, no nos damos cuenta de que somos de los pocos que tienen ese acceso. Los embarazos no deseados y las enfermedades venéreas ocurren en su mayoría en las poblaciones más pobres. El sistema educativo puede abrir espacios para hablar de estos temas, pero esto se hace con explicaciones científicas y superficiales, que o aburren o no está bien visto preguntar, donde la misma inmadurez de la edad genera que otros compañeros se rían del que pregunta. El lugar donde se deben generar estas conversaciones en un entorno seguro y fuera de juzgamientos es y siempre debió ser el hogar.  

¿Cuál es el mensaje que quiero dejarles este día? Supongo que lo que quiero decir es: dejen que sus hijas, sobrinas, hermanas, etc., hagan preguntas sin hacerlas sentir demasiado incómodas, o lo que es peor, juzgadas o culpables. Pero aún más importante, inicien estas conversaciones, edúquense y eduquen en el tema, hagan la protección un deber de y para todos. Aborden los temas que consideran incómodos, porque son necesarios, hablen de ellos hasta que dejen de ser incómodos y ya solo sean necesarios.

Publicado por Katy Álvarez

Soy Escritora de El Salvador. Escribir alimenta mi corazón, la abogacía mi estómago. Viajo para llenarme de inspiración (y diversión)... Creo firmemente que no hay creación más maravillosa que los libros y que éstos tienen la capacidad de cambiar el mundo constantemente. Amo los perros (especialmente el mío: Chewie) y el mar es lugar en el que busco paz.

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